Debajo de mi casa había un obrador de repostería, siempre estaban los hornos encendidos y los olores se propagaban por toda la casa, provocando que los más pequeños estuviéramos pegados a la puerta, esperando que nos sacaran los excedentes de su trabajo; siempre caía alguna magdalena, algún pastel… Tengo que reconocer que yo tenía enchufe, los dueños eran un matrimonio con tres hijos mayores y la madre, que tenía ganas de niña, estaba encantada conmigo. Me dejaba entrar hasta la parte de atrás de la pastelería, donde tenían una mesa camilla. Me encantaba verlos trabajar, artesanía auténtica, una celebración de … Leer más