En la cocina pasamos gran parte de nuestro tiempo. Tiempo que va ligado a historias familiares.
Lugar de rutinas, magias, besos, regañinas. En la cocina acabamos todos, familia, amigos, facturas, sueños. Es como un teatro, en la cocina lloramos, reímos y nos enfadamos, realizamos un baile de movimientos medidos, de actividad intensa y enloquecida, seguida de momentos de descanso mientras tomamos un café.
Es el núcleo de la vida, en ella cocemos los pucheros llenos de legumbres, de buenos deseos, de felicidad, que después llevamos a la mesa, allí surgen: «los que rico», «yo quiero más», «¡uf desde que no comía este guiso!».
En la cocina mientras limpiamos los platos, contamos secretos, escuchamos cotilleos, confesamos problemas.
Quién no recuerda la cocina de su niñez, la comida de su abuela, añoranza de los que ya no están. Allí dejaste ese regalo que te hizo tu suegra, un poco escondido, porque no te gustaba y que sin saber porque acabas teniéndole cariño.
La cocina es calidez, navidades, mantequilla con galletas…, . Cuantas veces llegaba tarde y me encontraba un plato tapado con unas albóndigas (que me vuelven loca) y que me dejaba mi madre sobre la encimera porque sabía que volvía con hambre, ella me conoce. Una forma de decir que siempre me espera.
¿Qué necesitamos? (6 raciones)
800 gr. de carne de ternera picada
100 gr. de jamón serrano en taquitos
2 huevos
2 ajos
1 cebolla
1 pimiento rojo
1 zanahoria
pan rallado
harina
60 gr. de tomate frito
perejil, laurel, sal
aceite de oliva
50 ml. de ron (o vino blanco)
¿Cómo lo hacemos?
Salsa
Troceamos la cebolla en cuadraditos pequeños y reservamos hacemos dos partes, una para la salsa, la otra mitad, para las albóndigas.
Pochamos la mitad de la cebolla, cuando está transparente añadimos el pimiento también troceado y la mitad del jamón, lo dejamos a fuego medio cinco minutos y añadimos la zanahoria pelada y cortada en rodajas. Lo damos un par de vueltas.
Añadimos el tomate frito y 1 ajo picado. Lo dejamos 2 minutos dándolo vueltas con la cuchara.
Echamos el laurel, agua, sal y ron o vino blanco (yo le pongo ron en lugar de vino blanco como mi abuela, porque un día que no tenía vino, se me ocurrió sustituirlo por el ron y le da un gusto especial que a la familia le encantó).Lo dejamos a fuego mínimo con un huevo (para hacerlo duro) tapado mientras preparamos las albóndigas.
Albóndigas
Volvemos a trocear un poco más la mitad de la cebolla que habíamos reservado y picamos el otro ajo en trocitos lo más pequeños posibles.
En un bol ponemos la carne picada, 50 gr. de jamón, la cebolla, el ajo, un poquito de perejil, pan rallado, 1 huevo batido, sal, se mezcla bien todo y dejamos que macere un ratito.
Hacemos bolas de albóndigas (yo tengo una máquina en casa, mi madre).
Las pasamos por harina, las freímos en aceite muy caliente y las ponemos en un plato con papel absorbente para quitar el exceso de aceite.
Añadimos las albóndigas a la salsa, echamos pimienta y rectificamos de sal. En olla rápida 10 minutos.
Servimos adornadas con el huevo picado, podemos acompañarlas de patatas fritas cortadas en cuadrados o de ensalada.
Colaboración de mi hijo
Prepara la carne con el aliño y la mezcla, luego ayuda con las albóndigas.










Marisol, como.siempre tus relatos me encantan y confieso que aunque no me gusta cocinar Leer tus recetas es un placer porque también para mi están llenas de recuerdos.
Muchas gracias guapa, es un gusto que a pesar de no gustarte la cocina, te guste leer el blog. Por cierto en la próxima receta, que va a ser arroz con leche, incluyo un cuento que inventé para mis hijos cuando eran pequeños. Aprovéchalo para tu nieto.
Huy que ricas. Seguro que son recetas de familia como dices tu. Mi madre las hace igual pero sin pimienta y un olla normal. Están para chuparse los dedos de buenas que estan
"Pa chuparse los dedos, y toma pan y moja en la salsita…"
Como siempre la historia del comienzo del post tan buena como la receta !!! Eres la mejor Marisol !!! Aunque creo mis albóndigas , receta de mi abuela podrían superar a las tuyas ..jijijijiji ����
Pues pasa la receta, las hago y te digo. O mejor aún duelo de albóndigas, con jurado insobornable por supuesto