Patatas revolconas o patatas meneas

Posted on abril 12, 2017

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El sol se colaba por las rendijas de las persianas y cada día me despertaba rodeada de silencio, suspendido en ocasiones por el piar de algún pájaro.

Me sentía bien, observando como todos dormían y despacio sin hacer ruido me ponía unos pantalones viejos cogía las zapatillas y salía a dar una vuelta.

Corría viendo rostros y voces desconocidas, entre casas bajas hasta encontrarme en el campo, con aquel olor a hierba y a rocío.

Entonces mil pensamientos se cruzaban en mi cabeza jugando al solitario, saltando de un tema a otro, entretenidos por el sonido del ritmo de mis pies en el camino.

Volvía a la casa agotada pero llena de energía, empezaba el día para los demás, era el momento de conversar mientras desayunábamos, de besos, de abrazos, gestos que me hacían sentir querida y que me permitían querer,

La mañana seguía su ritmo improvisado mientras nosotros nos dejábamos llevar, descubriendo lugares y momentos, comíamos donde tocaba, y en uno de esos restaurante olvidados nos sorprendieron con este plato adornado con huevos de unas gallinas que correteaban sueltas en el prado de al lado.

Eran vacaciones de verano en un pueblo que aún no siendo nuestro nos era muy familiar, porque la vida a veces cumple sueños muy sencillos, diferentes a como los habíamos imaginado pero que dejan recuerdos llenos de paz y que construyen poco a poco nuestras vidas.

He hecho muchos intentos para conseguir preparar las patatas lo más parecidas posibles a las que comimos aquel día, y a punto de tirar la toalla de la forma menos esperada, Carlos nos la regaló el otro día y ha salido perfecta al primer intento. Aquí va…

Ingredientes (para 6 personas)

9 patatas medianas
1 cabeza de ajos
1 cebolla
400 gr. de torreznos o de panceta fresca
1 cucharada de pimentón dulce
1/2 cucharadita de pimentón picante
1 pizca de pimienta blanca
2 hojas de laurel
sal
orégano
aceite de oliva

Elaboración
Carlos me recomendó que utilizara torreznos cortados en láminas finas, pero en este tiempo de dietas y de comidas lights, por más vueltas que dí no lo encontré, así que escogí la segunda opción panceta fresca.
La casualidad quiso que el carnicero fuera de Ávila y me comentó que su madre utilizaba panceta con un poquito de adobo, tomé nota y el resultado ha sido excelente.

Pasamos por tanto al adobo de la panceta; en un taper ponemos la panceta troceada y la aliñamos con sal, orégano,  un poquito de pimentón (solo un toque porque el pimentón al freírse amarga) y un chorrito de aceite de oliva, lo tapamos y lo dejamos que macere un par de horas.

Pelamos las patatas, las troceamos y las ponemos en una olla a cocer con sal, la cabeza de ajos entera, la cebolla pelada y el laurel.
Están hechas cuando las pinchamos con un tenedor y quedan sueltas pero no se deshacen.

En una sartén ponemos aceite de oliva, y cuando está caliente añadimos la panceta y dejamos que se haga, debe estar bien frita para que suelte toda la grasa posible, sin que se queme. Sacamos la panceta y las ponemos en un bol. Reservamos el aceite en la sartén.

Con ayuda de un tenedor aplastamos la patata, si queda un poco seca,  como se puede ver en la foto añadimos un poco del caldo de cocción de la patata, aprovechamos para probarlas y rectificar el punto de sal.

Ya tenemos la panceta bien frita y las patatas listas.

En un cuenco mezclamos los pimentones y la pimienta.

En la misma sartén y aceite en el que hemos frito la panceta agregamos la mezcla de pimentones, le damos un par de vueltas lo justo para que se disuelvan los pimentones en el aceite, no más tiempo porque si nos pasamos de tiempo el pimentón amarga y echa a perder la receta.
Lo mezclamos todo y listo para su consumo.

Colaboración de mi hijo
Ha sido el principal interesado en conseguir la receta, en el momento en que Carlos no explicó como se hacía tomo nota mental y no olvidó ni un solo detalle.
Cuando empecé a cocinarla él me la iba recitando, se encargó de aplastar las patatas, me recordó de forma insistente que cuidara que no amargara el pimentón, probó en repetidas ocasiones (hasta que le dí el alto) que la panceta estaba bien frita, mezcló todos los ingredientes. Y antes de sacarlas a la mesa se puso un platito, según me comentó para comprobar el punto de sal, el punto de pimentón…, ya que según sus palabras «como era la primera vez que hacíamos la receta teníamos que estar bien seguros».



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