Las rosquillas de anís son dulces hechos de masa, que se fríen en aceite con forma de rosca. La masa se hace con harina, huevos, leche, azúcar, levadura y anís.
Batimos los huevos cuidando que queden espumosos, para conseguirlo lo mejor es separar las claras de las yemas. Batir las primeras a punto de nieve, añadir después las yemas y seguir batiendo.
Añadimos el azúcar, el aceite, la leche y batir de nuevo.
Machacamos los anises en un mortero, y ya molidos los añadimos a la mezcla, echamos la ralladura de los limones (de la que reservamos dos tiras) y batimos.
Mezclamos la harina con la levadura y vamos incorporándola poco a poco, llega un punto en que la masa es tan espesa que hay que mezclarla con las manos. La masa debe ser lo suficientemente espesa para que podamos hacer bolas.
Con las manos untadas de aceite, formamos una bola. La dejamos reposar envuelta en papel film unos 15 minutos. El reposo ayuda a que la masa se asiente y pierda humedad. Esto facilita que formemos las rosquillas.
Formamos las rosquillas
Nos untamos las manos con aceite de oliva. Y formamos las rosquillas haciendo bolas del tamaño de una albóndiga, que vamos dejando sobre la encimera.
Cuando hemos hecho todas las bolas, cogemos dos.
Las unimos por la parte que ha estado en contacto con la encimera,
Metemos el dedo en el centro y las abrimos.
Cómo freír las rosquillas
Ponemos una sartén con aceite abundante para que las rosquillas se hagan bien. Utilizamos aceite de girasol.
Ponemos a temperatura baja y añadimos dos tiras de cáscara de limón para aromatizar el aceite. Lo hacemos durante 5 minutos. Y las sacamos.
Subimos la a temperatura media y vamos echando las rosquillas de una a una y con cuidado. Al principio irán al fondo, pero si hay el aceite necesario, enseguida subirán a la superficie.
Cuando estén doraditas por ambos lados. Las colocamos sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite. Dejamos que enfríen.
Las pasamos por azúcar, ya están listas para disfrutarlas.